Londres.- El barrio de Short Strand en el centro de Belfast comprende unas pocas calles. Sin embargo, fue varias veces escenario del conflicto en Irlanda del Norte. Allí vive una comunidad de alrededor de 3.000 católicos. Short Strand está rodeado por tres barrios con un total de 60.000 protestantes. Un polvorín.
Las semanas pasadas, se produjeron nuevas tensiones y brotes de violencia para las personas en y alrededor de Short Strand. Los analistas temen ahora que las tensiones se propagen desde allí y generen nuevos retrocesos para la paz en la región, indicó DPA.
"Si no logramos poner Short Strand bajo control, la situación podría desbordarse", dice Pete Shirlow, de la Universidad de Belfast, que estudia desde hace años el conflicto de Irlanda del Norte. Pronto comienza la época de las marchas tradicionales en las que los unionistas demuestran su poder en las calles.
Los grupos protestantes quieren que Irlanda del Norte siga formando parte del Reino Unido. En la acera de enfrente se ubican los republicanos católicos, que quieren que Irlanda del Norte forme parte de Irlanda. Las marchas simbólicas suelen tener un enorme potencial conflictivo. ¿Pero por qué, después de años de éxitos en el marco del proceso de paz, la violencia vuelve a brotar una y otra vez?
Según Shirlow, uno de los problemas es que la sociedad ignora los conflictos en y entre los grupos. "Sabemos que hay problemas pero no hacemos lo suficiente para impedirlos. Es una suerte de falta de sentido de la responsabilidad civil". Agregó que el proceso de paz es impulsado por unas pocas personas.
La causa son, entre otras cosas, conflictos de clase: la clase media ve en los vándalos que están en las calles "la escoria de la clase trabajadora" y no quiere tener nada que ver con ella. A esto se suma una chispa adicional, porque los jóvenes socialmente más rezagados participan a veces sólo por frustración o aburrimiento en los enfrentamientos.
La causa de los recientes enfrentamientos se debe, según la mayoría de los analistas, a los conflictos en el seno de los violentos grupos escindidos de los unionistas del UVP (Ulster Volunteer Movement). En el UVP se pelearon aquellos que están por la paz con los que siguen apostando a la violencia.
A las tensiones internas, en las últimas semanas se sumó en Short Strand la violencia contra los unionistas por parte de los republicanos que, entre otras cosas, rompieron ventanales, dice Shirlow. "Ejercitan la violencia. Contra eso se tendría que haber actuado mucho antes".
Sin embargo, sigue habiendo esperanzas de que las próximas semanas puedan ser tranquilas, ya que mucho mejoró, y en eso están todos de acuerdo. Shirlow cree que los violentos son minoría hace tiempo en cada uno de los bandos. Tanto en el bando protestante como en el católico, las personas están cada vez más contra la violencia. "Ese es un logro que tuvimos", apunta Shirlow.
También el jefe policial en la región, Matt Baggott, subraya los desarrollos positivos de los últimos años. La reciente violencia tiene un asidero más local y no refleja la Irlanda del Norte de hoy día. De todas formas, lo conveniente es seguir siendo prudentes: "Debemos reconocer que la paz es delicada en algunas partes, y es un llamado de atención para todos nosotros para que redoblemos los esfuerzos y nos aseguremos de que Irlanda del Norte sea el lugar seguro y próspero que todos queremos".



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