El atleta cristiano Oscar Pistorius logra el oro en los Paralímpicos

El atleta sudafricano Oscar Pistorius ganó este sábado la final de los 400 metros en los Juegos Paralímpicos de Londres, marcando además un nuevo récord paralímpico.

La multitud que abarrotaba el estadio fue testigo de la primera medalla de oro individual de Pistorius en estos juegos. Pistorius dominó la carrera, finalizando casi 10 metros por delante de los otros corredores. El otro oro lo había logrado con el equipo de Australia ya que se había impuesto con el relevo 4×100 y con récord del mundo.

Una de las frases que mejor le definen la dijo él mismo, cuando le preguntaron en una ocasión por su discapacidad. Pistorius simplemente explicó: “Todo el mundo tiene alguna discapacidad… las peores son las del espíritu”.

Su historia es un ejemplo de lucha y superación constante, tanto para poder correr como para que le dejasen competir en los pasados Juegos Olímpicos además de hacerlo en los Paralímpicos.

Pistorius nació sin peronés y sus piernas fueron amputadas por debajo de la rodilla antes de que él cumpliese un año de vida. Sus padres –atribulados antes y después de la operación por los dolores del niño– lo hicieron aconsejados por los especialistas, que no veían salida a aquellas extremidades que habían salido del útero materno sin peronés ni tobillos. Su familia, cristianos evangélicos, confiaron en que Dios guiaría todas las cosas para bien.

Y en sólo seis meses, el pequeño Oscar correteaba de un lugar a otro con sus pequeñas prótesis. Desde niño demostró tener una gran habilidad para el deporte. Comenzó practicando el rugby y el waterpolo, más tarde la natación; hasta que por fin llegó al atletismo.

En la pista lo acompaña una voluntad de acero, un insaciable espíritu competitivo y dos prótesis con las que engaña a la naturaleza. Pisando sobre ellas, alcanzó la cima de la velocidad en los Juegos Paralímpicos de Atenas, en 2004, con un oro en los 200 metros y un bronce en la carrera de 100 m.

La madre de Oscar murió inesperadamente hace seis años. No pudo disfrutar del éxito de su hijo. Sin embargo, cuando él tenía apenas un año le escribió una carta para cuando fuera mayor, que decía: “Un perdedor no es quien llega el último sino aquél que se sienta y mira y nunca ha intentado correr”. AcontecerCristiano.Net
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