Ex mendigo se convierte a Cristo y ayuda a necesitados de la calle

Ayudando a mendigos de la calle
BRASIL.- Un hombre que conoció a Cristo cuando era drogadicto y mendigo, ahora comparte la Palabra de Dios y ayuda a las personas sin hogar con alimentos y ropa.

José Eduardo da Silva fue uno de ellos, vivió en las calles de la ciudad de Porto Alegre por tres años, esclavizado por el vicio de las drogas, adicción que lo atrapó debido a la influencia de los amigos cuando apenas tenía 17 años.

A sus 30 años, con la experiencia vivida en el mundo de las drogas y como mendigo, está buscando rescatar a las personas que viven en las calles en condiciones inhumanas para darles comida y ropa, informa Clic RBC.

“Hace unos dos años, yo era delgado, tenía el cabello largo, caminaba descalzo con la ropa rota y sucia. Nadie podía soportar permanecer cerca de mí, ni siquiera los otros mendigos", dijo.

Conoció a Cristo cuando asistió a un programa de obra social organizado por la Iglesia Evangélica Templo de Oración al sur de la ciudad. "Vi que estaban dando comida a las personas que viven en la calle. Me acerqué y recibí un plato de sopa y comencé a prestar atención a lo que decía el pastor. Allí todo tenía sentido para mí, me presenté y pedí ayuda a la iglesia", testifica el ex mendigo.

Aduardo atribuye su recuperación a la fe en Jesucristo. El nuevo cambio en su vida, le produjo el deseo de ayudar a otros que viven la misma situación que él vivió. "El mendigo es invisible para la sociedad, la gente pasa a lado de ellos y no ven un ser humano. Por haber sido uno de ellos sé cuanta atención necesitan", explica.

Hace un año, Eduardo creó el proyecto Misión y Evangelismo Valientes de David, que tiene el apoyo de la iglesia donde congrega. Él cocina y distribuye cerca de 20 raciones de comida en la calle. Después predica el evangelio y ora por los mendigos y drogadictos.

"Decidí también ayudar a los niños en situación de pobreza extrema, precisamente porque ellos son el futuro de la humanidad. Cuando sean mayores, van a recordar un gesto de afecto que recibieron en el pasado, y que podría cambiar el curso de sus vidas", dice Eduardo.

"Mi mayor deseo es ser capaz de entregar 200 platos de comida al día. Si muero ahora y he logrado recuperar a una persona, valió la pena". AcontecerCristiano.Net
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