"Nada me impedirá predicar", dice hombre que fue golpeado por evangelizar en Uganda

Evangelista predicando en las calles y avenidas de Uganda

Por más de 7 años, el predicador ha estado proclamando el Evangelio de Jesucristo en las calles de Uganda. "Los ataques e insultos no me impedirán predicar en la calle", dijo.

Emmanuel Kasiko, de 29 años de edad, predica en las calles, entre los semáforos de avenidas y frente de hoteles de la ciudad de Kampala, la capital del país.

Para Kasiko, predicar el Evangelio en las calles es una tarea de toda la vida. Esa tarea, dice, fue confirmada por una visión de Dios y lo mantuvo adelante incluso en los momentos más difíciles de su vida.

En una entrevista con Uganda Christian News, Kasiko recordó un incidente que casi le quita la vida.

“El 28 de diciembre de 2021, durante una noche como esta, el conductor de un automóvil Toyota Mark X se detuvo en un semáforo. Todos los ocupantes fumaban marihuana. Cuando los vi, les dije por la ventanilla del auto que Dios les podía curar la adicción”, recordó.

Por estas palabras recibieron una paliza junto a un hermano, con quien proclamaba la Palabra de Dios a lo largo de una carretera.

“Los muchachos salieron del carro y comenzaron a golpearme. Un hermano que también estaba cerca vino a ayudar. Nos golpearon a los dos a plena luz del día”, dijo.

Kasiko, quien ahora se recuperó del ataque, dijo que eligió perdonar a sus agresores porque nada lo detendría de predicar el Evangelio. Explicó que su llamado no es agradar a los hombres, ganar su aplauso o complacer sus oídos, sino salvar almas que perecen, presentándoles al Salvador, Jesucristo.

Aunque seamos perseguidos, no temeremos mal alguno”, dijo.

El joven de 29 años comenzó a predicar el Evangelio como estudiante en Kyambogo College, líderado por la Christian Union en ese momento.

Más tarde se inspiró en otro predicador callejero identificado como Patrick Katende.

Arrepiéntanse y sean salvos”, les decía Kasiko a los pasajeros en un taxi, poco después de conocer al reportero.

Aunque la mayoría de los cientos de personas que pasan en sus autos, taxis o boda bodas (una bicicleta taxi muy popular en África) se niegan a escuchar el mensaje, Kasiko y otros predicadores no se dejan intimidar.

“Incluso si predicas y parece que no están escuchando mientras pasan, unos días después ves a alguien que regresa diciendo 'oh pastor, lo que me predicaste la última vez me bendijo'”, dijo Kasiko.

Cuando se le preguntó acerca de los testimonios que experimentó durante su tiempo como evangelista callejero, Kasiko dijo: “Fui fortalecido espiritualmente. Predicar el Evangelio en las calles me dio valor para enfrentar cualquier cosa”.
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